Mientras el Gobierno insiste con que “la economía se está recuperando”, los argentinos sienten otra realidad. Según una reciente encuesta, la desocupación superó por primera vez a la inflación y a la corrupción como principal preocupación del país.

El desempleo se ubica en la cima de las inquietudes sociales, revelando el impacto real que las políticas de ajuste, recorte estatal y parálisis productiva están generando en la vida cotidiana. La encuesta marca un giro emocional y político en la opinión pública: el hambre y la falta de oportunidades empiezan a desplazar incluso al miedo por los precios y la impunidad. El “modelo motosierra” ya no solo se mide en cifras, sino en personas sin trabajo, calles sin actividad y provincias sumidas en la incertidumbre.
El 32,3% de los encuestados dijo que la desocupación es su mayor preocupación, seguido por la inflación (30,4%) y la corrupción (22,6%). En los segmentos más vulnerables y entre los jóvenes, el desempleo golpea con especial crudeza.
En el interior del país, donde el Estado era el principal empleador o dinamizador económico, la crisis se siente a flor de piel. El ajuste no es una idea abstracta, sino un padre sin trabajo, un negocio que cerró, un joven que se va. Argentina está cambiando de prioridades. Y ese cambio, silencioso pero poderoso, puede definir el destino de la política en los próximos meses. El termómetro social marca lo que los discursos ya no pueden tapar: la desocupación es el nuevo monstruo que se cuela en cada mesa familiar.