El encuentro, jugado ante un estadio repleto, evidenció las mismas falencias que acompañaron a La Rojita durante toda la fase de grupos: errores defensivos, poca claridad en ataque y escasa reacción táctica.

Apoyado por la gente, Chile fue al ataque. Lautaro Millán, jugador de Independiente, nacido en Bahía Blanca y nacionalizado chileno (debido a la nacionalidad de su padre), dispuso de una ocasión clara, desperdiciada por un remate desviado.
Tanta insistencia chilena no encontró premio. En cambio, en el primer contraataque formal, México estiró la diferencia con un derechazo de Iker Fimbres. Nicolas Córdova, el entrenador de Chile (probablemente, seguirá también en la mayor), exigió el uso de la tecnología con la tarjeta verde, pero lo hizo a destiempo y no fue tomada en cuenta. De todos modos, en la repetición, no se vio la mano reclamada. En el cierre, Hugo Camberos, recién ingresado, llegó y convirtió dos veces para cerrar la goleada. Ni siquiera de consuelo alcanzó el descuento de Juan Rossel.