Nuevos casos judiciales tratan de definir el contenido creado por la inteligencia artificial como difamatorio, un concepto novedoso que ha intrigado a algunos expertos.

Los representantes de ventas de Wolf River Electric, un contratista de energía solar de Minnesota, observaron un aumento inusual de contratos cancelados a finales del año pasado. Cuando pidieron explicaciones a los antiguos clientes, las respuestas los dejaron estupefactos.
Los clientes dijeron que se habían echado atrás después de enterarse, por búsquedas en Google, de que la empresa había llegado a un acuerdo con el fiscal general del estado por prácticas de venta engañosas. Pero la empresa nunca había sido demandada por el gobierno, y mucho menos había llegado a un acuerdo en un caso relacionado con tales reclamaciones.
La confusión se convirtió en preocupación cuando los directivos de Wolf River lo comprobaron por sí mismos. Los resultados de búsqueda que Gemini, la tecnología de inteligencia artificial de Google, ofrecía en la parte superior de la página, incluían dichas falsedades. Y las menciones a un acuerdo judicial aparecían automáticamente al escribir “Wolf River Electric” en el cuadro de búsqueda.
Ante la acumulación de cancelaciones y el resultado infructuoso de sus intentos por utilizar las herramientas de Google para corregir los problemas, los directivos de Wolf River decidieron que no tenían más remedio que demandar al gigante tecnológico por difamación.
“Invertimos mucho tiempo y energía en forjarnos una buena reputación”, dijo Justin Nielsen, quien fundó Wolf River con tres de sus mejores amigos en 2014 y contribuyó a que se convirtiera en el mayor contratista solar del estado. “Cuando los clientes ven una señal de alerta como esa, es casi imposible recuperarlos”.
El suyo es uno de al menos seis casos de difamación presentados en Estados Unidos en los últimos dos años por contenidos producidos por herramientas de IA que generan texto e imágenes. Estos argumentan que la tecnología de vanguardia no solo creó y publicó información falsa y perjudicial sobre personas o grupos, sino que, en muchos casos, siguió difundiéndola incluso después de que las empresas que desarrollaron y se benefician de los modelos de IA fueran notificadas del problema.
A diferencia de otras demandas por difamación o calumnia, estos casos pretenden definir como difamatorio el contenido que no ha sido creado por seres humanos, un concepto novedoso que ha intrigado a algunos expertos jurídicos.
“No hay duda de que estos modelos pueden publicar afirmaciones perjudiciales”, dijo Eugene Volokh, destacado estudioso de la Primera Enmienda en la Universidad de California en Los Ángeles. En 2023, Volokh dedicó un número entero de su publicación, Journal of Free Speech Law, a la cuestión de la difamación por parte de la IA.