La vicepresidenta acompañó los festejos religiosos en la provincia sin recibir la bienvenida de Gustavo Sáenz pero resguardada por la curia local.

Victoria Villarruel desembarcó en Salta para sumarse a las celebraciones del Señor y la Virgen del Milagro en medio de una marcada frialdad política, sin la recepción protocolar del gobernador Gustavo Sáenz y custodiada únicamente por un hermético operativo de seguridad.
La titular del Senado ingresó a la Catedral Basílica minutos antes de las 10 de la mañana para participar de la Misa Estacional celebrada por el nuncio apostólico Michael Wallace Banach, en una jornada atravesada por el vacío del Poder Ejecutivo provincial y la cercanía con la cúpula eclesiástica.
Ya dentro de la sede del Arzobispado, la vicepresidenta se reunió con referentes de la curia local y escuchó con atención las palabras del arzobispo saliente, Mario Cargnello, quien en medio del oficio religioso se dirigió hacia ella y le expresó: “Pensé y recé mucho por usted. La Vicepresidencia es un lugar difícil… porque le toca presidir el Poder Legislativo”.

El religioso reflexionó sobre el funcionamiento del sistema político al señalar que “el régimen de gobierno es más presidencialista y le da más fuerza al Ejecutivo”, e hizo foco en la labor de los legisladores al sostener que promueven leyes que “no promueven la dignidad y el valor de la persona”, para concluir ante los feligreses: “No le tengan miedo a Dios. Nosotros no queremos un régimen teocrático, pero sí queremos un régimen que respete la verdad de la persona y que respete el bien común de nuestro pueblo”.
Al concluir la ceremonia matutina, Villarruel brindó breves declaraciones en medio de la multitud y afirmó: “Hoy, en el Señor y la Virgen del Milagro, estamos mostrando la unión del pueblo argentino, la devoción, la fe en Dios y, por sobre todo, vemos el inmenso sacrificio de aquellos que vienen peregrinando para ponerse de rodillas ante estas imágenes, que son las que protegen al norte argentino. Para mí, como vicepresidenta, es un honor estar aquí hoy con todos ustedes, celebrando la fe católica, el amor a la patria y el amor a nuestro prójimo”

Lejos de participar en un almuerzo oficial con el gobernador Sáenz, la funcionaria permaneció en el Arzobispado y compartió doce cajas de empanadas tradicionales con obispos llegados desde distintos puntos del país.
Tras descansar una hora en un hotel céntrico rodeado por efectivos de la Policía Federal y provincial, la vicepresidenta se puso un poncho con los colores de la bandera nacional, tomó un ramo de claveles y volvió a la Catedral para marchar en la histórica procesión, cerrando una visita escueta que expuso las diferencias con la gobernación salteña y un nuevo gesto de sintonía con la Iglesia.